Quien usa bastante internet visitando diversos sites todo el día, cada uno llenos de links que llevan de un sitio a otro, se habrá dado cuenta que contienen tanta información que uno no puede procesar todo y ni se acuerda por donde empezó. Según estudios científicos, esto nos hace estar menos dispuestos a concentrarnos y aprender.

Ésta es la pregunta que Nicholas Carr hace en su libro, “The Shallows: What the Internet Is Doing to Our Brains“. Un extracto del libro que resume la idea principal:  internet promulga la lectura superficial, raciocinio raso y distracción constante. En la práctica, tenemos más contenido disponible en algunos clics, pero nuestros cerebros no consiguen procesar todo adecuadamente, más información no significa más conocimiento.

Dicen que el principal culpable son los links. Antes vistos con entusiasmo como forma de promocionar conocimiento, los links empezaran a ser vistos cada vez más con escepticismo. Un estudio enseña que saltar de un texto para otro vía links perjudica la comprensión y que las personas comprenden mejor los textos sin links que con links.

¿Por qué el exceso de links son un problema?

Por la manera cómo nuestro cerebro funciona. Nosotros grabamos la información de dos maneras: con la memoria a corto plazo y la memoria a largo plazo.

La memoria a corto plazo llamada “primaria” tiene capacidad limitada y volátil: pronto olvidas lo que estabas haciendo si no se repasa. Si de lo contrario se repasa, la información pasa a la memoria a largo plazo donde se almacena y/o es aprendida.

El problema con los links es que con la abundancia de contenido que traen  generan una sobrecarga cognitiva: nuestra memoria a corto plazo queda tan revolucionada que no consigue transferir las información para la memoria a largo plazo, así olvidamos lo que vimos o leímos ya que el link pide que realices una acción: clicar o no. Esto quita la atención del texto, lo que provoca un problema más en el cerebro: el coste de alternar tareas. Cada vez que cambiamos de tarea, el cerebro necesita reorientarse, y estudios enseñan que esto empeora la sobrecarga cognitiva.

Cerebros reprogramados

Y cuando salimos del ordenador el problema sigue. El especialista neurocientífico Michael Merzenich dice que: cuando nos adaptamos al uso de una nueva fuente de información, nuestro cerebro se transforma. O sea, sus hábitos online son transferidos para otros aspectos de la vida, porque su cerebro fue reprogramado. Esto puede leerse en un estudio en el que comparó dos tipos de personas: las que acostumbran hacer varias tareas a la vez, y otras que son menos “multitarea”. El resultado lo dice todo: las personas “multitarea” se distraen con más facilidad con todo y generalmente con las cosas más irrelevantes, acordándose menos de las cosas y tienen dificultades para concentrarse en una tarea específica.

No todo son malas noticias

Internet mejora nuestra inteligencia visual/espacial y habilidades como la coordinación de los ojos y la respuesta a los reflejos, aparte de hacernos más capaces de resolver problemas más rápido. Pero, como dice la psicóloga Patricia Greenfield, “cada nueva información desarrolla ciertos tipos de habilidades cognitivas en detrimento de otras”: estamos haciendo un cambio entre mayor habilidad visual/espacial y menor comprensión profunda de textos y capacidad de atención.

Conclusiones

Internet nos hace leer de manera más superficial. Generalmente uno desiste de leer un texto en internet si el texto es muy extenso y el tema no es terriblemente interesante. Seguramente ya has visto esta siglas: “TLDR” (Too long, didn’t read. “Se emplea para indicar que no se ha leído la totalidad de un texto por ser demasiado extenso”), expresión popular en internet.

La sobrecarga de contenido también es otro factor negativo: e-mail, noticias, Twitter, feeds RSS, vídeos y aun así sentimos que falta tiempo para leer todavía más contenido. Los problemas que la multitarea provocan a la gente también son conocidos: nos concentramos menos, nos despistamos más y las consecuencias de todo esto puede que sean serias.

Los links son apuntados como principales culpables, y Nick Carr obviamente no propone que acabemos con los links: aconseja que los links deben quedar al final del texto, como notas de página. Así, consigues leer sin distracciones, y si deseas averiguar o ampliar la información tienes la opción de clicar al final del texto.

Y vosotros, ¿qué opináis?